8 febrero, 2018

Olivier es un ladrón

Olivier es un ladrón, uno de esos ladrones de poca monta que salen en las películas costumbristas, un rufián más que otra cosa, uno de esos que te lavanta la cartera a punta de navaja y te da más pena que miedo, primero porque sabes lo que llevas en la cartera y que no irá lejos con eso, y segundo porque ves en su cara que es un pobre hombre que se pagará un pico y dos cervezas, y que mañana volverá a hacer lo mismo...

Cuando uno pasa tantas horas como yo en el coche, escucha las noticias de todas las emisoras y ya sabe que algunas son importantes, otras meramente interesantes y al final siempre hay alguna anecdótica. Pues Olivier, como no podía ser de otra manera, es el protagonista de la última noticia, del último noticiario, de la emisora más pequeña de una zona donde no se escucha ninguna emisora que no sea la local... Olivier definitivamente es uno de esos antihéroes con los que me puedo llegar a encariñar, y la otra tarde, en un viaje de retorno, lo hice.

Nuestro amigo se despertó un lunes convencido de que había tenido la mejor idea de su vida. El día anterior era domingo, la gente había ido a misa y entregado sus limosnas, y el párroco no habría podido aún ir a ingresar ese dinero. Una iglesia no es un lugar excesivamente custodiado, así que sería un robo fácil, y que le daría quizás para un par de días... Olivier se metió en la sacristía y forzó con un destornillador un cajón donde encontró el resultado del cepillo del domingo, 112€ que si bien no era mucho, era suficiente para él y con ese dinero salía en la mano, confiado de que todo iba bien hasta que apareció ante él Bernard.

¿No os he hablado de Bernard? Error imperdonable el mío, Bernard es el nuevo sacerdote de la pequeña parroquia de Sancte Augustine, un hombre de unos 40 años que escuchó la llamada del Señor a los 28 años tras vencer en el campeonato nacional de Taekwondo de pesos pesados. Bernard es un hombre dulce y afable, que canta como los mismísimos ángeles pero que si te da una bofetada te deja calentitas las dos orejas como muy pronto descubrió Olivier. Bernard inmovilizó al delincuente y llamó a la policía que llegó pronto y se lo llevó esposado... 

Para muchos la moraleja de la historia es que robar está mal, y que hay que ser bueno, pero para mi es otra, aunque ya volveré sobre esto.

No se debe robar, eso está claro, pero si lo haces, hazlo bien. Porque riesgo hay en todas partes, como le enseñó Bernard aquel día con un par de caricias al protagonista de esta aventura. Y es que, si vas a hacer algo, intenta hacerlo bien, prepárate, aprende lo necesario y ponte en marcha.

Cada vez que me siento con Rafael y hacemos un puzzle, o nos tiramos al suelo en su manta musical para aporrear instrumentos que hacen ruido y, aunque sea solo por eso, molan!! Cada vez que cogemos su lista de palabras y repasamos las ya casi 300 palabras que dice mi campeón, todas las veces que avanzamos con una nueva estrategia o damos un paso en la dirección correcta... Todas esas veces siento que le robamos al camaleón un poquito de su fuerza. Y es que (los que me habéis leído antes ya lo sabéis) el camaleón encarna el autismo de Rafael por su capacidad de mimetizarse con el entorno, disfrazarse de rabieta, de enfado, de saturación sensorial... Y el camaleón quiere a Rafael para él solo. Pero nosotros peleamos por robarle el protagonismo, luchamos para que ese pedacito de mi alma que camina fuera de mi cuerpo pueda ser más independiente, más comunicativo, más él.

Con el tiempo hemos descubierto que somos más hábiles robando al camaleón, que nos conformamos menos y plantamos más batalla. Separar a nuestro pequeño querubín de su compañía hace que aparezcan conductas diferentes, que surja el carácter que siempre relacionábamos con su presencia y que poco a poco se van descubriendo como el carácter del propio Rafael. Porque el niño tiene carácter, y decir SI y NO, nos ha llevado a conocer mejor sus gustos. Hemos aprendido que lo que más le gusta al despertarse no es comer (quién lo hubiera pensado?) si no ducharse. Estirando de él hacia nosotros hemos descubierto que le gustan los puzzles, muchísimo, pero cuando sabe hacerlos... Le gustan los puzzles a partir de la tercera o la cuarta vez que los hace, cuando ya ha automatizado la imagen y puede completarlo aunque esté del revés... Pero las primeras tres veces? Madre mía!! Cómo nos enfadamos cuando no sabemos donde va una pieza... Y es que a mi niño precioso no le gusta perder (a quién habrá salido??).

Vivimos en un lugar pensado por y para Rafael, hay un columpio en el salón, una cama elástica en el jardín, un patín enorme en el pasillo y marcas de pies en los escalones que le ayudan a guiar sus pasos en una escalera que ya subimos de forma correcta. Tiene pictos en la nevera, manteles con los cubiertos marcados para poder ayudar a poner la mesa, estribos en el coche de papá para subir escalando y sujeciones en el de mamá para subir impulsándose... Todo es un reto, un desafío para el que no nos cansamos de buscar alternativas en este equipo que aprendió algo muy pronto... Había que formarse.

La formación lo ha sido todo para nosotros. Hemos aprendido de los mejores. Empezamos con Anabel Cornago y "El sonido de la hierba al crecer" a descubrir que el camaleón no mandaba. Leímos, nos informamos, pedimos a todos los profesionales que trabajaban con Rafael que nos enseñaran lo que hacer incluso antes de conocer a las chicas de Doble Equipo y saber que a eso se le llama "empoderamiento familiar", y vaya si nos empoderamos. Aún recuerdo el primer contacto con una caja TEACCH que nos regalaron y aquello nos parecía una pasada y cómo hemos ido conociendo nuevos métodos, nuevas formas de proceder, cómo pude flipar la primera vez que conocí a Gey Lagar y nos contó que le preocupaba poder incluir a su hijo con autismo en los juegos del resto de niños en el cole, y aquello nos hizo soñar en un futuro diferente para Rafael. Podría jugar con más niños? Y por qué no?

Y por qué os cuento esto? Os preguntaréis... Cómo llego de Olivier a aquí? Pues muy sencillo. Porque como os decía antes... Para muchos la moraleja de la historia es que robar está mal, y que hay que ser bueno. Para mi es otra, para mi es que hay que atreverse a soñar. Y que si yo pudiera hablar unos minutos con Olivier le diría que se formase, que aprendiese un oficio, que puede ser muchas cosas en la vida (si son legales, mejor) pero incluso que si quiere ser un ladrón, debe empezar por formarse. Le diría que nosotros empezamos robándole muy poco al camaleón, y que este devolvía cada intento con la misma fuerza con la que se defendió el padre Bernard, pero le diría también que, con mucho esfuerzo y dedicación, buscando ayuda y rodeándonos de gente maravillosa que conocíamos en los congresos y jornadas, hoy podemos decir con orgullo que somos unos ladrones de guante blanco que hemos conseguido que nuestro pequeño sueño cumplido, nuestro hermoso ángel en la tierra, cada vez es más nuestro, que digo nuestro, más suyo, que del camaleón.

Y a Olivier, como a todos y cada uno de los papás y mamás que me he cruzado y me cruzo cada día en el camino, le diría que la única receta que conozco es el trabajo, y para sacar el máximo rendimiento al esfuerzo que vayamos a hacer, formarnos es la base fundamental de ese trabajo. Y ya que nuestro protagonista rufián nos ha enseñado que en proyectos sin ambición, también podemos perder, por qué no soñar a lo grande? Apostemos por nuestros pequeños apostando por nosotros y nuestra formación. Aprendamos a crecer juntos... Porque como siempre os digo...

JUNTOS no sólo somos más, juntos somos MEJORES

RAFA SUÑER

 

Si deseas formarte con nosotros, aprovecha el curso que desarrollaremos en Oviedo el próximo 24 de Marzo en el Colegio, pincha aquí para obtener más info

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

© 2015 EXTRAordinarios
Siguenos en facebook